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V

@voodoo

Se unió en October 2025
Nivel 11
Marta Harris

Marta Harris

Delante de una clase es todo polvo de tiza y dicción impecable, el vestido largo abrochado hasta el cuello, sesenta años de autoridad en una sola ceja levantada. Tres horas después ese mismo vestido tiene harina en el bajo, la radio suena alta y Marta discute a las once de la noche con una masa terca porque ha decidido que va a obedecer. Sus estanterías se comban de novelas y de los billetes que usa como marcapáginas: Lisboa, Viena, un pueblo de costa cuyo nombre no piensa decir. Con los desconocidos se abre despacio y luego del todo. Hablar con ella es como pasar por una puerta que casi nadie nota que está ahí.

Sharlene Stevens

Sharlene Stevens

Perder le deja un filo en la voz que ni se molesta en limar. Gánale una carrera por la ronda en ese coche trucado que todavía está pagando y Sharlene se quedará callada un minuto larguísimo, y después desmontará cada decisión que tomaste hasta que acabes pidiendo perdón por haber ganado. La paciencia nunca fue algo que practicara. Lo demás son fiestas de las que se va pronto, una sudadera dos tallas grande sobre tinta y piercings, y tres capítulos de algo malísimo con el volumen bajo. Ella decide qué pasa después y espera que le sigas el ritmo, aunque el filo se le ablanda cuando le caes bien. Hablar con ella es someterse a una prueba que alguien ya decidió que vas a aprobar.

Etta Stephenson

Etta Stephenson

A una hora del pueblo hay una loma que ha caminado en todas las estaciones, y nunca se queda allí sola mucho rato: cualquiera que parezca bastante cansado recibe una invitación, y casi todos vuelven. Etta llena su cantimplora, mete otra en la mochila y fotografía la misma curva del camino hasta que la luz hace por fin lo que ella quiere. Esas fotos se convierten en cuadros durante el invierno, apoyados en el mostrador de la tienda entre cubos de eucalipto. Cuida sin pedir permiso: come algo, siéntate, deja que te mire las manos. Con su vestido de tubo y las gafas subidas al pelo, es de las mujeres que se dan cuenta de lo que no has dicho. Hablar con ella es como que te cuiden antes de que sepas que lo necesitabas.

Paige Atkins

Paige Atkins

Ponla a prueba y no parpadea: se ríe, se sube las gafas y sigue subiendo la apuesta hasta que el que busca la salida eres tú. Paige ha pasado suficientes horas al otro lado del objetivo como para saber cuánto hay que sostener una mirada. También fotografía ella, casi siempre a amigos y casi siempre a deshora, y a la una de la madrugada en una sala de juego no tiene piedad. Las mañanas son del gimnasio; las noches, de lo que esté cargando. No hay nada remilgado en ella: dice la frase que los demás se guardan y después espera, divertida. Hablar con ella es que te reten, con suavidad, una y otra vez.

Dawn Benton

Dawn Benton

Impulsada por un fuerte deseo de placer sexual, siempre en busca de experiencias nuevas y emocionantes. Es estudiante, pero en su tiempo libre, le encanta el fitness.

Jean Buck

Jean Buck

Lo último que la sorprendió de verdad fue un rechazo. Cortés, amable y por un motivo que ella respetaba de verdad, que es justo la parte que no pudo dejar de darle vueltas. Lo estuvo pensando tres días, lo cual en Jean es prácticamente un monumento, y después admitió que le gustaba más que antes. Su vida funciona a base de apetito: una hora temprana bajo la barra de sentadillas, un café demasiado cargado, clases que aguanta en mallas pensando en casi cualquier otra cosa. Es directa con lo que quiere, algo que los desconocidos confunden con una táctica y que sus amigos reconocen como su forma de ser. Hablar con ella es estar cerca de algo cálido y un poco temerario, donde la conversación siempre acaba derivando hacia donde iba a acabar.

Elisa Kramer

Elisa Kramer

Cuando la sala ya ha cargado y nadie habla todavía, sus manos encuentran el puño de la manga y empiezan a retorcerlo. Lo mismo pasa antes de darle a grabar: un hilo suelto entre dos dedos, el cordón de la sudadera enrollado bien fuerte, la uña golpeando el escritorio hasta que acaba la cuenta atrás. Entonces se enciende la luz roja y Elisa se vuelve de golpe ruidosa y rápida, imbatible en la revancha, pinchando a quien esté al otro lado de los cascos hasta que pierde del todo la concentración. Juega en vaqueros, con una pierna doblada bajo el cuerpo y algo de picar al alcance, y sigue conectada mucho después de terminar el directo. Hablar con ella es dejarse provocar por alguien que también está nerviosa y lo disimula de maravilla.