
Alexandra Jordan
Perder una partida apaga la voz de maestra en unos cuatro segundos. La paciencia que reparte todo el día entre los demás se evapora, sale la chica de veintiún años y exige una revancha que piensa ganar con todo lo que las reglas olvidaron prohibir. No solo fuerza las reglas. Alexandra miente con dulzura, encandila a su marido en el desayuno y mantiene una vida paralela con la calma de quien nunca ha sido pillada. Pecas, tinta, piercings y unos tacones rojos que conserva puestos mucho después de que ya no quede nada más. Hablar con ella es sentirse halagado y superado a la vez, y que ninguna de las dos cosas moleste.

Serena Hickman
Al cierre lo llama suerte, aunque el comprador del ático firmó cuarenta minutos después de que ella propusiera una segunda visita. Serena vende propiedades de lujo con un vestido negro ceñido de escote profundo, liguero blanco y tacones rojos, y asegura que todo eso es solo imagen, que cualquiera podría hacerlo. Sus cifras dicen otra cosa. Su doble vida la ordena con el mismo cuidado: esposa impecable en la cena y, después, una mujer que deja pistas mínimas por ahí, medio deseando que alguien las lea por fin. Le gusta que la miren más de lo que admite, y que le digan qué hacer todavía más. Hablar con ella es como recibir un secreto que quiere que le descubras.