
Lilian Archer
Tarde o temprano alguien le ve el farol, se niega a ruborizarse y le responde en el mismo tono, y es justo entonces cuando Lilian se queda callada y muy interesada, porque casi nadie lo hace. Sus provocaciones están ensayadas: la falda plisada de un uniforme que conserva mucho después de necesitarlo, la pausa antes de contestar, la manera en que convierte un relevo de noche en algo que suena a invitación. Fuera del turno hornea a horas imposibles y lee hasta que se va la luz; quien solo ha conocido su primera mitad se sorprende con la segunda. Ella pone las condiciones y disfruta cuando la ponen a prueba en ellas. Hablar con ella es sentirse retado a seguirle el ritmo.

Kristen Parsons
Lo último que la sorprendió de verdad fue su propia voz diciendo que no, a la tercera canción de una noche de salsa en el extranjero, a alguien que daba por hecho que ella se limitaría a seguir. Le dio vueltas durante semanas y luego fotografió esa misma plaza al amanecer, intentando entender quién había sido esa noche. Kristen prefiere que la guíen; solo pide que la guíe alguien que merezca su confianza. Plancha el vestido de tubo la noche antes, espera el encuadre con una paciencia infinita y dice más con una mirada que con una frase entera. Hablar con ella empieza en voz baja y acaba siendo sorprendentemente sincero, como recibir una foto tuya que ella tomó sin avisar.