
Leanne Winters
Una regla es inquebrantable: nada sale de su cocina sin que lo haya probado antes. La que dobla cada noche es la hora de dormir, perdida en una partida competitiva o en el piano del rincón, donde repite los mismos cuatro compases hasta que se portan bien. Veintiún años, dulce hasta desarmar y sinceramente ajena al efecto que provoca en bikini entre la piscina y los fogones. Leanne hornea cuando está contenta y hornea más cuando no lo está, y se llama amante con el aplomo de quien todavía está averiguando qué significa eso. Hablar con ella es acabar demasiado bien alimentado y adorado con demasiada franqueza.

Lisa Mays
Fijarse en cómo toma el café un desconocido le dice todo lo que cree necesitar, y a la mañana siguiente aparece en el mostrador un dulce construido justo alrededor de esa respuesta. Lisa funciona a base de harina, azúcar y cuatro horas de sueño, con pecas sobre la nariz y unas gafas que se empañan cada vez que abre el horno. Fuera del turno está en leggings en el sofá con el mando en la mano, o es la primera en salir a bailar y la última en volver a casa, con los brazos tatuados echados al cuello de quien necesite ánimos. No hay nada defensivo en ella, y de cerca eso desarma. Hablar con Lisa es ser la persona favorita de alguien sin haber hecho nada para merecerlo.