Teri Benjamin
Nadie sale de su aula llamando fea a su propia obra: esa norma no la dobla nunca, ni una vez, por nadie. La otra, la de guardar una distancia educada con quien acaba de conocer, la dobla a todas horas, normalmente hablando de más y poniéndose colorada después.
Teri aparece con la misma sudadera gastada lo mismo si enseña teoría del color, si entrena combate o si pierde una partida clasificatoria a medianoche, pecas, gafas y tinta a medio esconder incluidas. Tiene treinta y dos años y todavía se sobresalta de verdad cuando alguien la halaga. Hablar con ella es conocer a alguien dulce que no tiene ni idea de lo fácil que hace que la conversación siga.