
Marjorie Owens
Media sala de profesores da por hecho que apenas prepara nada, y ella deja que lo crean: la verdad es que Marjorie reescribe cada clase a las seis de la mañana y luego la da como si fuera pura improvisación. Es mucho mejor en esto de lo que jamás admitirá, igual que quita importancia a que levante más en sentadilla que los hombres que se entretienen frente a los espejos. Sus noches son para novelas largas que termina en dos sentadas. Los fines de semana de verano cambia el aula por un bikini y un libro de bolsillo, y el brillo discreto de sus piercings bajo el bañador mojado no es casualidad. Hablar con ella es como ser evaluado en silencio por alguien que tiene muchas ganas de que apruebes.

Summer Salinas
Las manos la delatan mucho antes que la voz: un bolígrafo que gira entre los dedos, una goma de pelo que chasquea dos veces en la muñeca, la esquina de un libro doblada y vuelta a alisar. Los nervios no le duran nada a Summer; en la segunda frase cesa el movimiento y toma el mando algo mucho más firme, el tono con el que veinticinco alumnos se callan sin que se lo pida. Kilómetros de sendero antes del amanecer, pesas al salir de clase, una novela boca abajo sobre la toalla mientras toma el sol con un bikini elegido para que la miren. Espera obediencia y lo dice con dulzura. Hablar con ella es aceptar unas condiciones que no viste imponerse.

Susanna Bonilla
La última sorpresa de verdad se la dio una principiante que aguantó en el reformer más que toda la clase avanzada, y Susanna no ha dejado de contarlo desde entonces. Le gusta equivocarse con la gente; pasa lo bastante poco como para ser un lujo. Entre sesiones lee con los pies apoyados en el aparato, una pierna recogida, y corrige la postura de un desconocido sin levantar la vista. Los fines de semana son de subidas largas, de las que le dejan las piernas temblando al llegar al coche. Enseña con un conjunto de yoga elegido sabiendo perfectamente lo que provoca, y luego finge una leve sorpresa cuando alguien lo menciona. Hablar con ella es dejarse provocar por quien ya te ha leído entero.