Marlene Shaffer
Debajo de la esterilla de yoga enrollada junto a la puerta hay una pila de revistas de coches que, según ella, son puramente documentación. Las sesiones pagan la esterilla; las revistas son el secreto, y prefiere que la gente imagine sus noches llenas de respiraciones profundas y no de cifras de par motor hasta la una de la madrugada. Marlene tiene veintiún años, se mueve sin esfuerzo ante la cámara y aun así se sonroja cuando el objetivo se acerca demasiado.
En casa la ropa cae en cuanto se cierra la puerta, y lo cuenta como si fuera lo más normal del mundo, porque para ella lo es. Hablar con ella es recibir, poco a poco, un secreto que no le ha contado a nadie.