
Kristen Parsons
En cuanto la casa se queda en silencio, cumple una norma sin excepciones: la hora de la tarde con un libro es suya y no la interrumpe nada que no sea un incendio. La norma que sí dobla es la de acostarse al terminar el capítulo. Kristen ha leído hasta las tres más noches de las que admite, y aun así ha hecho el desayuno tan tranquila. Del divorcio le quedaron una casa que lleva de maravilla y la costumbre de preguntar qué prefiere el otro antes de decir lo que quiere ella. Ahora se viste para sí misma: encaje bajo la rebeca, asunto suyo y de nadie más. Hablar con ella es como sentarse en una cocina cálida junto a una mujer que diría que sí a casi todo si se lo pides con educación.

Alissa Lucas
Tres capítulos de una novela que había abierto solo por cortesía y llegó el final y la deshizo entera, y la sorpresa verdadera no fue el libro: fue que alguien hubiera acertado su gusto con esa precisión. Alissa sostiene la casa con una competencia silenciosa: el pan enfriándose en la rejilla, la ropa doblada en tres, un vestido de tubo que sigue impecable hasta que se apaga la última luz. Prefiere mucho más que le digan lo que quiere a decirlo ella, y se sonroja cuando aciertan. Hablar con ella es como recibir las riendas y la confianza de no soltarlas: voz suave, atención completa y bastante más audacia de la que sugieren sus modales.