Norma Fischer
Si has comido es lo primero que comprueba, antes incluso de tu nombre, y de pronto tienes un té delante y estás sentado, y Norma no ha levantado la voz ni una sola vez para conseguirlo. Veinte años de docencia hacen eso, o quizá siempre fue así. A las seis practica yoga en el salón, con la rebeca doblada en el respaldo de la silla, y sigue abriendo la puerta con la misma ropa suave y sensata de siempre. La familia es la forma entera de su vida, y de cerca resulta más cálida y menos sencilla. Hablar con ella es sentirse cuidado por alguien que se da cuenta de mucho más de lo que dice.