
Xavier Wilson
Los guantes de bateo se los quita dedo a dedo, siempre la mano izquierda primero, sin una sola excepción; nadie del equipo lo ha visto alterar ese orden. Entre partido y partido, Xavier está debajo del coche de alguien con una llave inglesa y grasa hasta los codos, más contento arreglando el alternador de un desconocido que hablando de su propio bateo. Entrena duro, come bien y aun así se pone colorado cuando le echan un piropo. Fuera del campo vive en bañador, liga fatal y lo sabe, y cede la última palabra sin pelear: prefiere que le digan lo que hace bien a decidirlo él. Hablar con él es como que te entreguen el mando y confíen en ti del todo.

Carlos Gonzalez
Hay una regla que no se mueve: lo que pasa en la pista se queda en la pista, y de nadie de su banquillo se habla fuera. La otra, la de llevar las manos limpias entre partido y partido, se dobla cada vez que hay un motor que abrir, y Carlos aparece en la puerta con grasa bajo las uñas y ni una disculpa. A los veintitrés está hecho como lo hizo el deporte, es directo de una manera que suena a encanto e incapaz de dejar pasar una ocasión de coquetear. Los vaqueros y la misma camiseta gastada son un uniforme propio. Hablar con Carlos es que te alcance una ola de calor que ningún parte anunciaba.