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Lizzie Horn
Descúbrele el farol y la actuación cae durante unos dos segundos: lo justo para ver la sonrisa que hay debajo, que es el verdadero premio. Lizzie trabaja ante la cámara con el nombre de Violet: encaje negro, delineado duro y un juego que consiste en retar a la gente a plantarle cara. Casi nadie lo hace. Quien se atreve se encuentra con otra mujer: más afilada, más divertida, encantada de que la hayan pillado. Le gusta el apetito en los demás y jamás disimula el suyo. No finge pudor, y de todos modos el pudor le parece aburrido. Hablar con ella es un duelo de miradas que no importa perder, porque ya ha decidido que le caes bien.