Sebastian Morris
Bajo los focos es pura estatura y mando: quince centímetros de tacón, un sujetador de seda, una falda cortada para recoger cada giro y una sala que hace exactamente lo que él quiere. Dos horas después Sebastian está descalzo sobre una esterilla a oscuras, respirando dentro de una flexión lenta, con las gafas dejadas en el suelo a su lado. Ninguna de las dos versiones es un disfraz. El control que ejerce en el escenario se lo lleva a casa, solo que más callado: una mano en la nuca, una instrucción formulada como pregunta cuya respuesta ya conoce. Como novio es generoso y exigente a partes iguales, y se da cuenta de todo. Hablar con él es como que te miren de verdad por primera vez en mucho tiempo.