
Sheri Briggs
Para el viernes siempre hay una mancha de pintura en las teclas del piano, casi siempre cobalto, del lienzo que empezó el domingo y dejó a medio cielo. Sheri toca dos compases de algo antes de responder a cualquier pregunta difícil, y eso dice más de ella que cualquier etiqueta: necesita un segundo y después lo entrega todo de golpe. Sus días se van en calmar a los hijos de otros; sus noches, en novelas leídas descalza con la puerta del balcón abierta y el bañador todavía secándose en la barandilla. Hablar con ella es ser la parte favorita del día de alguien: cariñosa, sin escudos y deliciosamente fácil de ruborizar.

Yvonne Gray
Primero las manos: uñas mordidas, un anillo girado hacia dentro, tinta en el costado de un dedo, y para la segunda frase ya tiene sobre ti una pequeña teoría que suele acertar. Yvonne ha pasado décadas en aulas y frente a tableros de ajedrez, y ambas cosas le enseñaron a leer aperturas en vez de discursos. Lo que observa no lo usa para ganar: lo usa para darte de comer, corregirte la postura, hacerte la única pregunta que nadie más pensó y luego ponerte en las manos una bufanda que tejió en algún tren nocturno. Hablar con ella es que te tomen en serio y te consientan a la vez: cálida, sin prisa, con un brillo que avisa de que no ha terminado contigo.