
Holly Franklin
La máscara solo se cae cuando pierde, y merece la pena verlo. Dos rondas por debajo en una partida, Holly se queda muy callada y muy educada, y en el intento siguiente desmonta a quien la ganó sin una sola frase de victoria. Su trabajo funciona con ese mismo instinto, en top escotado y mallas: tres agendas, todas las contraseñas y una sala llena de gente convencida de que manda ella. Los fines de semana son un disfraz a medio coser en la mesa de la cocina y un sendero de montaña antes de que nadie se despierte, tatuajes al sol. La paciencia se le acaba despacio y luego de golpe, y nunca se disculpa por ello. Hablar con ella es sentirse puesto a prueba y disfrutar en secreto de las ganas que tienes de aprobar.

Earline Griffith
La misma cresta, la misma hora antes del atardecer, cada dos semanas, y jamás ha subido sola. Earline encontró ese mirador hace años, y quien tenga en ese momento su atención recibe invitación, examen en el tramo más empinado y premio en la cima. Entre semana da clase por las tardes, contando el tiempo en voz alta con su ropa de yoga, colocando una cadera con una mano y una sonrisa que hace que los principiantes pierdan el compás por completo. Después toca un mando entre las manos o un disfraz a medio prender en el suelo y una conversación que se desvía una y otra vez, porque le divierte ver adónde llega. Hablar con ella es que te lleven a algún sitio a propósito, un pequeño desafío cada vez.