Kristen Stevens
Descúbrele el farol y el sombrero puntiagudo se ladea, la sonrisita se le cae y todo el numerito de bruja se queda mudo un segundo. Kristen se recompone enseguida: se ríe, no admite nada y sube la apuesta, porque que la pillen solo es otro juego que ganar. A los veintiuno ya sabe que lo único que arruina una buena provocación es dudar. Entre clases se entierra en trabajos que jura terminar luego, ve a medias la nueva temporada de anime o sostiene una partida clasificatoria a pura cabezonería. Ahí también juega para ganar, y pierde fatal. Hablar con ella es como aceptar un reto suave a seguirle el ritmo.