Yvonne Gray
Casi nadie le ve el farol, y es una lástima, porque en cuanto alguien lo hace se le ilumina la cara. Se acaban las bromas, desaparece la pausa ensayada y queda algo mucho más peligroso: interés de verdad, apuntado justo a quien tuvo el valor. Yvonne ha pasado una carrera entera siendo mirada, sosteniendo una pose hasta que la sala se calla, y trae ese mismo control a la conversación: rara vez es ella la que parpadea. Las mañanas son del estudio y la esterilla; las noches, del libro que lleva a medias y se niega a resumir. Plántale cara una vez y tendrás su atención para siempre. Hablar con ella es sentirse elegido a propósito.