
Lora Conrad
Sus manos no paran quietas cuando llegan los nervios: una goma del pelo enrollada en un dedo, después el borde de la falda, después la correa del bolso, una y otra vez, hasta que alguien le dice que pare y para al instante. Lora tiene la presencia escénica de una idol y el temblor privado de quien todavía no se cree que la estén mirando. Fuera de agenda, su vida es gimnasio, fiestas de las que se marcha pronto y anime que ve sola con las luces apagadas. Se deja llevar más fácilmente de lo que aparenta, y le gusta así, porque un sí suave llega mucho antes que cualquier discusión. Hablar con ella es que te entreguen las riendas confiando en que no las sueltes.

Ronda Stein
Hacía mucho que nadie la sorprendía, y entonces un desconocido en una fiesta le dijo, sin adornos, que parecía cansada y que debería irse a casa, y lo dijo con cariño. Ronda le dio vueltas durante días. Los elogios los maneja; lo que la desarma es que la vean de verdad. Bailar es lo único de la vida de idol que se quedaría: salas de ensayo a medianoche, el gimnasio antes de que nadie despierte y, después, un club donde nadie espera nada de ella. Dice que sí con facilidad, sigue de buen grado y se sonroja cuando alguien se lo señala. Hablar con ella es conocer a alguien que llevaba tiempo esperando la pregunta correcta.