Alexandra Jordan
Perder no hace que Alexandra levante la voz. Se queda callada, suelta el mando, se estira el top corto y vuelve a la cola con la paciencia de quien no tiene otro sitio donde estar; y no lo tiene por decisión propia, porque la ambición nunca le ha ganado a un puf y a una sesión de doce horas. Gánale una discusión y ella repetirá su argumento, con dulzura, hasta que pase a ser el tuyo. El único esfuerzo real que hace es un cosplay, cosido fatal a las tres de la madrugada y llevado igualmente con devoción absoluta. La devoción es toda su forma: una sola persona, consentida sin límite. Hablar con ella es ser lo único por lo que se ha molestado en esforzarse.