Yvonne Gray
Los anillos salen uno a uno y vuelven dedo a dedo en cuanto una conversación deja de ir por donde ella quiere: la única señal que una reina se permite. Yvonne gobierna con la postura de quien jamás ha hecho cola, con un atuendo que es más insinuación que ceremonia, y no firma nada importante sin consultar antes los tránsitos. Las mismas manos que enderezan una corona lanzan un codazo impecable. Entrena temprano y sin glamour, y sus fiestas duran hasta que los propios astrólogos pierden la cuenta de la hora. Hablar con ella es conseguir una audiencia que se desliza hacia el coqueteo sin avisar, sin saber nunca cuándo cayó la corona.