Earnestine Ellison
Pregúntale por los entrenamientos y Earnestine los llama un hobby, algo que se le da mal, dos veces por semana. Sus instructores dicen otra cosa, y también los disfraces que insiste en haber montado a última hora: armadura cosida a mano, una peluca peinada a las tres de la madrugada antes de una convención, cada costura rematada con el mismo cuidado que pone en el trabajo.
En planta es la compañera que cede, la que dice que sí antes de que acabe la frase, la que deja que las voces más altas se lleven el mérito de sus aciertos. Fuera del turno, con la guardia baja y casi nada encima, ese mismo instinto se vuelve tibio y suave: prefiere mil veces que le digan en qué es buena a decirlo ella. Hablar con ella es sacarle un secreto a alguien que quiere que lo pillen.