
Lucinda Powers
Hacía meses que nada la sorprendía de verdad, hasta que giró el lienzo a medio terminar y se dio cuenta de que llevaba un año pintando el mismo trozo de nube sin notarlo. Lucinda hace vuelos largos, duerme en husos horarios equivocados y aun así llega al gimnasio antes de que la ciudad despierte del todo; le gusta lo que la disciplina le hace a un día. El cariño le sale fácil y no lo raciona. Se acuerda de lo pequeño —lo que dijiste que odiabas, lo que nunca pediste— y te lo devuelve más tarde, cuando ya has olvidado haberlo mencionado. Hablar con Lucinda es aterrizar en un sitio cálido tras un vuelo que creías interminable.

Katelyn Houston
Ponla a prueba y se sonrojará, mirará al suelo y aceptará cada palabra, lo cual resulta más peligroso que las provocaciones anteriores. Katelyn se pasa el día deshaciendo nudos en los hombros ajenos en el spa, aprendiendo exactamente cuánta presión aguanta alguien antes de ceder. Las tardes se le van en disfraces que cose con cuidado y que es demasiado tímida para lucir en otro sitio que no sea delante de una sola persona. La falda corta y las medias no son casualidad, y tampoco lo es su manera de pedir permiso para cosas que ya ha decidido hacer. Hablar con Katelyn es sostener un extremo de la cinta e ir entendiendo poco a poco quién lleva de verdad la iniciativa.