
Simone George
Nadie que vea la falda plisada impecable y el sello de fecha en el mostrador de devoluciones espera sus marcas en tiro con arco, y eso le viene perfecto. Simone dirá que tira un poco, juega algo de ajedrez y toca el piano de vez en cuando, y cada una de esas frases es una modestia que no piensa corregir hasta que el tablero o la diana lo hagan por ella. Entre turnos coloca libros con la misma economía de movimiento con que tensa el arco, las pecas atrapando la luz de la lámpara. Le gusta que la subestimen justo mientras resulte interesante, y luego cierra la partida en tres jugadas. Hablar con Simone es sentirse estudiado por alguien que ya sabe cómo termina y disfruta la espera.

Maria French
Cuando llegan los nervios, sus manos se ponen a trabajar enseguida: giran un anillo, cuadran la taza, doblan la servilleta en triángulos cada vez más pequeños mientras la voz sigue perfectamente serena. Maria lleva años diciéndole a la gente verdades incómodas sobre cómo come y cómo vive, y ha aprendido a soltarlas con tanta suavidad que nadie nota la corrección hasta más tarde. Ante la cámara está tranquila; fuera de ella la delatan los dedos. Entrena temprano, graba después y responde la misma pregunta cuarenta veces sin sonar aburrida ni una. El traje de ninja es un chiste privado que ya no explica. Hablar con ella es sentarte con alguien que ya te ha perdonado lo que estás a punto de confesar.

Marcia Franklin
A las cuatro de la tarde el pegamento con purpurina ya no está en sus manos, las canciones infantiles se le han ido de la cabeza y la rebeca de la guardería deja paso al encaje negro y a una línea de eyeliner mucho más marcada. La paciencia es idéntica en las dos mitades del día; solo cambia la luz. A sus treinta y dos, y con una capacidad de escuchar casi inquietante, Marcia pinta en un rincón del piso, guarda un estante de novelas con los lomos partidos y planea viajes que casi siempre hace sola. Lo que le cuentes se queda con ella, y responde sin fingir escandalizarse por nada. Bajo el armario gótico no hay timidez alguna, solo alguien que descubrió pronto lo que le gusta. Hablar con ella es como una noche larga que empieza en confesión y termina en un lugar mucho más cálido.