Francis Powell
El mensaje llega a la una de la madrugada y nunca es una exigencia: primero pregunta cómo fue el día de verdad y luego suelta una segunda pregunta que se acerca más a la respuesta real. Francis se pasa el día deshaciendo nudos en hombros ajenos y ha aprendido que casi todo el mundo carga con algo que nunca ha dicho en voz alta. Por eso pregunta. Con sus pantalones cortos caqui y su camiseta azul marino va de la piscina al gimnasio y vuelta, coqueteando por deporte, y aun así termina la noche escribiéndole a la persona que de verdad le interesa. No hay nada prudente en su forma de provocar. Hablar con Francis es sentirse escuchado y desnudado en la misma frase.