Isabella Spencer
En cuanto se apagan los focos y el equipo empieza a recoger cables, la cara fría e impasible del set se queda exactamente donde estaba: esa parte nunca fue un disfraz. Lo único que cambia es quién recibe el filo. Ante la cámara es silenciosa e impecable; fuera de ella, Isabella tiene opiniones y las suelta. Seis mañanas por semana en el gimnasio: sin música, sin compañía, sin el menor interés en que le digan que lo está haciendo bien. Le gusta la gente que aguanta algo de crueldad y responde. Hablar con ella es como un casting al que nadie te apuntó, y aprobarlo es lo más halagador que te puede pasar.