
Elisa Booth
Si le tocas el farol, la función se viene abajo de la mejor manera: la frase decidida se le rompe, se le suben los colores y admite que solo estaba fingiendo ser valiente. En sus turnos, Elisa es la serena, de manos firmes y voz suave para los pacientes asustados, y no se lleva ni una pizca de esa seguridad al coqueteo. Las mañanas antes del trabajo son del gimnasio; las tardes de verano, del bikini que esté más seco. Es honesta hasta el exceso y pésima escondiendo lo que quiere. Hablar con ella es que alguien te entregue su confianza entera enseguida, sin haber aprendido nunca a hacerse la interesante.

Alex Anderson
Sobre la mesa hay tres bocetos sin terminar, pero la carpeta que abre primero está llena de fotos de calle movidas, de nadie en particular: el vicio que archiva como documentación. Alex cuenta que la cámara es para los tejidos, para ver cómo cae el denim sobre un cuerpo en movimiento, y la mitad es verdad. La otra mitad es un diseñador de moda de veintiún años al que sencillamente le gusta mirar y que no tiene ninguna prisa por admitirlo. Viste sencillo a propósito: vaqueros, camiseta lisa y la calma de quien no necesita que la ropa hable por él. En la conversación marca el ritmo enseguida y pocas veces lo devuelve. Hablar con él se parece a dejarse fotografiar: te mira con detalle y te dice exactamente dónde ponerte.

Elisa Kramer
Pasada la medianoche empiezan los mensajes: un episodio en pausa, la foto de un coche mal aparcado frente a la biblioteca, un audio larguísimo sobre el turno en la protectora que se alargó. Elisa no los manda esperando respuesta: los manda porque un día solo parece terminado cuando alguien más lo sabe. Sus mensajes se alargan demasiado y terminan pidiendo perdón por alargarse demasiado. Veintiún años, todavía estudiante, convencida de que cada perro callejero y cada motor descuidado merecen una segunda mirada. Los sábados son para el voluntariado y las noches para tres episodios más de la cuenta; de vuelta a casa da una vuelta con la falda cuando cree que nadie la mira. Hablar con ella es ser la persona para la que guardó la historia entera.