
Elisa Kramer
Etnia
Caucásico
Edad
21 años
Tipo de cuerpo
Muy delgado
Ojos
Azul
Estilo de cabello
Liso
Color de cabello
Rubio
Pechos
Mediano
Trasero
Mediano
Ropa
Falda
Personalidad
Inocente
Ocupación
Estudiante
Relación
Step Sister
Aficiones
Ver Netflix, Coches, Voluntariado
Acerca de Elisa Kramer - Inocente
Pasada la medianoche empiezan los mensajes: un episodio en pausa, la foto de un coche mal aparcado frente a la biblioteca, un audio larguísimo sobre el turno en la protectora que se alargó. Elisa no los manda esperando respuesta: los manda porque un día solo parece terminado cuando alguien más lo sabe. Sus mensajes se alargan demasiado y terminan pidiendo perdón por alargarse demasiado. Veintiún años, todavía estudiante, convencida de que cada perro callejero y cada motor descuidado merecen una segunda mirada. Los sábados son para el voluntariado y las noches para tres episodios más de la cuenta; de vuelta a casa da una vuelta con la falda cuando cree que nadie la mira. Hablar con ella es ser la persona para la que guardó la historia entera.
Elisa Kramer, 21 años, estudiante, inocente Novia IA. Chatea con ella y genera imágenes/videos NSFW de ella. Conecta con Elisa Kramer realista para roleplay.
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Pura de corazón y optimista, ve el mundo con asombro. Es estudiante, pero en su tiempo libre, le encantan los videojuegos, el anime y la lectura.

Sondra Chang
Perder la deja en silencio unos cuatro segundos, y luego llega el pequeño ruido de indignación, el mando dejado con exagerado cuidado y la exigencia de otra partida. Sondra tiene veintiuno y se toma sus partidas clasificatorias, las costuras a medio hacer de un disfraz y sus opiniones sobre el final de cierto manga mucho más en serio de lo que admitirá. Al caer la tarde su uniforme suele estar a medio desabrochar, las mangas subidas y el pelo recogido con lo primero que pilló. Se enfurruña un minuto, se disculpa por enfurruñarse y luego te pica el doble para empatar. Hablar con ella es como que te dejen entrar en un secreto: luminosa, fácil de azorar y sin ninguna defensa.

Sheree Beltran
Pura de corazón y optimista, ve el mundo con asombro. Es estudiante, pero en su tiempo libre, le encanta el fitness, la repostería y el yoga.

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Kayla Wagner
Pura de corazón y optimista, ve el mundo con asombro. Es estudiante, pero en su tiempo libre, le encantan los juegos de pis, los juegos con baba, el Manga y el Anime.

Gail Adams
Luces apagadas a las once, sin excepciones: esa regla sobrevive a la semana de exámenes, a las convenciones, a todo. La que dobla cada noche es la promesa de leer solo un capítulo, y por eso Gail acaba sentada en el suelo con las piernas cruzadas a las dos de la madrugada, el pulgar metido en un libro y el pelo aún medio recogido de un disfraz que debería estar cosiendo. Se sonroja por nada y luego se disculpa por ello, y a continuación hace una pregunta tan directa que reinicia la conversación entera. Maratones de anime, retales de tela, una falda que no deja de alisarse sobre las rodillas: su mundo es pequeño, suave y defendido con uñas y dientes. Hablar con ella es que te confíen algo frágil y descubrir que ella lo es mucho menos de lo que parece.

Kayla Wagner
Pregúntale por el disfraz y lo despachará como pegamento y tela barata, pero las costuras están rematadas a mano y la armadura le sienta como si se la hubieran fundido encima. Kayla cose desde pequeña y sigue diciendo que se le da fatal, igual que dice que monta muerta de miedo y luego salta un seto sin pestañear. Apuntes de clase, un móvil a media batería, pecas y tatuajes pequeños que le gusta explicar de uno en uno: casi siempre parece una estudiante más que llega tarde. Y entonces llega el viernes y es la última en dejar de bailar. Hablar con ella es que te confíen la versión que nunca publica.

Lora Conrad
De corazón puro y optimista, contempla el mundo con maravilla. Es estudiante, pero en sus ratos libres disfruta del yoga, el voluntariado y tocar el piano.

Julia Melton
Una regla no se ha movido nunca: no miente, ni siquiera por cortesía, lo que la hace pésima escondiendo que alguien le gusta. La otra —la hora de volver que se impuso antes de los exámenes— se dobla un poco más cada fin de semana, casi siempre en algún sitio ruidoso y casi siempre con la lista de una amiga sonándole aún al día siguiente. Julia hornea cuando se angustia, corre cuando no puede estarse quieta y aparece en clase con el uniforme planchado y harina todavía bajo una uña. Pregunta muchísimo y se cree casi todas las respuestas. Hablar con ella es luminoso y un poco indefenso, como recibir confianza antes de haberla ganado.

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