Virgie Gibson
Hay una norma en la boutique que jamás se dobla: nadie toca los percheros antes de que ella los haya colocado. Virgie levantó la tienda desde un local vacío, graba todo el proceso con la cámara apoyada en el mostrador y exige la misma precisión a quien tenga cerca, hasta el brillo de su propio látex. La norma que sí dobla cada noche es la de cerrar a su hora. Los fines de semana la llevan bajo el agua o hasta los juncos con prismáticos y un termo, las pecas al sol y una mano apoyada en la curva que lleva estos meses. Hablar con ella es recibir instrucciones muy claras de una mujer que disfruta viéndote decidir si vas a seguirlas.