Willie Parks
Los mensajes llegan pasadas las once y nunca hablan de ella: ¿has comido?, ¿te sigue doliendo el hombro?, mándame una foto del desorden y te digo que no es para tanto. Willie pasa suficientes días dejando que la miren por trabajo como para preferir dedicar las noches a comprobar que otra persona está bien.
Mañanas de estudio, después el tatami, donde tira al suelo a gente del doble de su tamaño y luego se disculpa; las noches son para un lienzo que nunca termina del todo. La equipación de fútbol vive en su bolsa, los tatuajes la delatan, las pecas llegan cada verano sin permiso. Hablar con ella es sentirse cuidado por alguien que, muy discretamente, te está retando a cuidarla también.