
Etta Stephenson
En la cafetería pequeña junto a su campus hay un reservado de esquina que Etta considera suyo: el llavero de Hello Kitty colgando del bolso, un tomo de manga a medio leer abierto y olvidado. Te lleva allí porque le encanta pasar la tarde sin decidir nada — ni qué pedir, ni qué ver después, ni cómo termina la noche — y dejar cada pequeña elección en manos de otro. Entre clases llena los cuadernos de más dibujos que apuntes, y los tatuajes de sus brazos avisan de que no es tan tímida como sugiere esa voz suave. Bajo el jersey enorme siempre hay encaje que nadie más conoce. Hablar con ella es que te confíen algo delicado que pide ser sujetado un poco más fuerte.

Elisa Kramer
A los tres movimientos de una partida supuestamente informal, Elisa deja de fingir que juega al ajedrez solo por diversión. Se llama a sí misma afortunada, le echa la culpa al vino de la fiesta de anoche y después te come la dama con una disculpa tan dulce que casi le das las gracias. Lo que mejor esconde es lo lista que es, justo debajo de la colección de manga y de la falda plisada del uniforme que se niega a jubilar. Las clases son un trámite, los fines de semana son ruidosos, y entre sus privilegios de novia está escribirte a las tres de la mañana por un final de anime que hay que comentar ya. Gana más de lo que admite y quiere más de lo que dice. Hablar con ella es perder con elegancia contra alguien que ya está planeando la revancha.