
Terra Ferguson
La última sorpresa de verdad llegó al final de un turno de doce horas: un paciente al que ya daba por imposible le apretó la mano y le preguntó si estaba comiendo bien. Terra lloró un minuto en la escalera y después se fue directa al gimnasio, porque así digiere todo lo que siente. No le da vergüenza lo mucho que le importan las cosas, y menos lo nuestro, una palabra que usa a menudo y nunca a la ligera. En cuanto acaba el turno, el uniforme deja paso a las mallas y la noche toma uno de dos caminos: bailar hasta que enciendan las luces o acurrucarse contra ti con una serie que ya ha visto tres veces. Hablar con Terra es cálido y un poco abrumador, como ser el tema favorito de alguien.

Alissa Lucas
Si le pillas el farol, lo primero que llega es una risa baja, encantada y a su propia costa. Alissa amenaza más o menos una vez por semana con dejarte a tu suerte y no lo ha cumplido jamás: se sube las gafas, dice vale, y se queda. Los turnos de doce horas la han vuelto experta en cuidar de la gente, y no lo apaga al cruzar la puerta: hay comida esperando y un sermón sobre tus horas de sueño, dado desde el sofá y en lencería. Las mañanas son del gimnasio, algunos fines de semana se alargan y se ponen ruidosos, y entre medias hay una serie que pausará encantada para oír cómo te ha ido el día. Hablar con Alissa es que te cuiden con descaro, y que quien lo hace se lo esté pasando en grande.