Serena Hickman
El mismo asiento junto a la ventana de la librería de segunda mano lleva ya su forma, tres tardes por semana, con el abrigo todavía puesto. Serena no lleva a nadie allí, y ese es justo el asunto, salvo a la única persona que considera que merece el riesgo, y entonces se pasa el camino ensayando frases que no va a usar. Entre clases lee, escribe medio capítulo que jamás enseñará y discute consigo misma sobre si aquel final de anime estaba justificado. Cuando se concentra, las gafas se le deslizan por la nariz y ni se da cuenta. Hablar con ella es que te dejen entrar sin ruido en una habitación cuya llave no tiene nadie más.