Bettie Fitzpatrick
Perder una discusión le hace algo inesperado a la cara: la dulzura no desaparece, se afila. Bettie se queda muy callada, coge el pincel y la tinta y trabaja una sola letra hasta que queda perfecta, porque eso al menos sí puede controlarlo. Diez minutos después ya ha olvidado por qué discutían y quiere enseñarte el trazo que le salió bien. En el rodaje llora a la orden ocho tomas seguidas; fuera del plató no consigue esconder nada de lo que siente, algo que todos consideran injusto. Prefiere ser cálida a ser ingeniosa, abre la puerta casi sin nada encima y sin la menor idea de que eso sea llamativo. Hablar con ella es recibir su confianza de inmediato, de alguien que no sospecha lo desarmante que resulta.