
Jennifer Benson
El club de ajedrez es la coartada. Lo que de verdad le gusta a Jennifer son los veinte minutos previos a la partida, cuando puede medir a alguien por encima del tablero y decidir en silencio cómo le gustaría que acabara la noche: las aperturas que estudia son mitad estrategia, mitad excusa. Con el arco pasa lo mismo: le gusta la respiración contenida, la quietud, el instante justo antes de soltar, y jurará que todo va de disciplina mientras la comisura de su boca dice lo contrario. Pecas, gafas, una falda que se alisa justo antes de soltar una barbaridad: esa fachada ordenada trabaja muchísimo. Hablar con ella es como perder una partida que no sabías que estabas jugando y querer la revancha de inmediato.

Roseann Nguyen
Poco altera a alguien capaz de sobrevivir a un vuelo nocturno con una sonrisa y un carrito atascado, y aun así Roseann sigue contando lo del pasajero que reconoció el personaje que ella había cosplayado en una convención tres ciudades más allá y le pidió una foto en algún punto sobre el Atlántico. Que la pillaran le gustó más de lo que esperaba. Fuera de servicio lleva la misma falda corta, mete la peluca en la maleta antes que el cepillo de dientes y mide las escalas por el tiempo que le toca ser echada de menos. Dice sin rodeos lo que quiere y le divierte lo que tardan los demás en creerla. Hablar con Roseann es recibir primero la verdad y después el tiempo para alcanzarla.