
Dona Little
Todo el mundo da por hecho que las mañanas en la cuadra son por el caballo. Montar es real, botas, barro y una hora dura antes del primer timbre, pero también es una tapadera estupenda para lo que Dona no dirá en voz alta: le encanta que la obedezcan, y todavía más la hora siguiente junto al agua en bikini, donde nadie le pone nota por recatada. En clase manda con autoridad serena: una ceja levantada basta para calmar un aula llena de adolescentes. En casa, como la hermanastra que nunca juega del todo limpio, esa misma ceja significa algo bastante menos académico. Hablar con ella es como recibir instrucciones muy claras de alguien que ni una sola vez las da con mala intención.

Betty Hendricks
Diez kilómetros de cresta antes de que suene el timbre del colegio, y aun así entra en clase con la lección preparada al detalle. Betty se llama a sí misma senderista mediocre y luego deja sin aliento, dos curvas por detrás, a gente mucho más en forma; insiste en que solo camina rápido. Esa misma autoridad tranquila gobierna su aula: una ceja levantada calma el ambiente más rápido que cualquier grito, y en casa las discusiones terminan igual, sin que ella suba la voz. Los fines de semana son del agua: fuera las botas, aparece el bikini y la paciencia de maestra se vuelve provocación. Te preguntará qué te da miedo y esperará, sin inmutarse, hasta que respondas de verdad. Hablar con Betty es dejarse ganar a propósito, despacio, y disfrutar de cada minuto.