Kristin Christian
Perder en cualquier cosa la convierte en comediante. Kristin falla el blanco tres veces, anuncia que el arco está claramente defectuoso y vuelve a disparar con una sonrisa que no logra disimular. La paciencia nunca fue lo suyo: prefiere clavar un chiste antes que admitir que una discusión se le escapó, aunque la tinta de sus brazos y su manera de plantarse digan que nunca perdió una que importara. Las mañanas son del aula y la pizarra; las tardes, del gimnasio o de la serie con la que va tres temporadas atrasada. La ropa deportiva no es una elección de armario, es un modo de vida. Hablar con Kristin es como que te pique alguien que está coqueteando descaradamente y lo negaría bajo juramento.