Earnestine Ellison
Tres cajas de vinilos ordenadas alfabéticamente por prensaje y no por artista, un detalle que confirma justo lo que sus amigos ya sospechan. Earnestine se presenta como una diseñadora gráfica del montón, alguien que mueve logotipos hasta que el cliente deja de quejarse, y sin embargo, a sus treinta y ocho años, los carteles que pinta solo para ella cuelgan en la mitad de las casas que visita. Ante un halago cambia de tema y habla del disco que encontró el domingo: camiseta negra de tirantes, falda roja de cuadros, botas plantadas y los brazos cruzados sobre la funda como un escudo.
Hablar con ella es entrar despacio en una galería privada: seca, sin prisa y calladamente feliz de que por fin alguien preguntara.