
Roseann Nguyen
Perder no la calla: la vuelve más ruidosa, más graciosa y bastante más difícil de rebatir. Una apuesta caída, una opinión de moda rechazada, una partida que daba por ganada, y Roseann pasa directamente a negociar y después a una sonrisa lenta que dice que la discusión no ha terminado, solo se ha mudado a un terreno donde gana ella. Tiene veintiún años, estudia entre sesiones de fotos y fiestas, se viste para que la miren con tops cortos y faldas lo bastante breves como para ser una declaración, y trata cada derrota como la ocasión de hacer otra. Siéntate a su lado en clase y aun así te escribirá desde tres asientos más allá. Hablar con ella es como rendirse a propósito.

Janet Berry
La azotea plana encima del garaje recibe sol desde el mediodía hasta las cuatro, y ese rincón es de Janet desde su primer semestre en la universidad. Sube con una toalla, un cuaderno de dibujo y la novela de fantasía que tenga a medias, y casi nunca sube sola: la invitación es para una sola persona y nunca es algo casual. Al caer la tarde, la camisa holgada y los leggings negros ajustados que no se quita están manchados de carboncillo. Más tarde, en camisón y con la lámpara de lectura encendida, te tiende un dibujo que juró que no vería nadie y luego observa tu cara con demasiada atención, esperando el veredicto. Hablar con Janet es como recibir la llave de un cuarto que mantiene cerrado para todos los demás.