Kayla Wagner
Pregúntale por el yoga y te hablará diez minutos de respiración; pregúntale qué pasa cuando enrolla la esterilla y Kayla se calla y se sonroja. El horario del estudio es la mitad presentable de la historia. El resto es esa hora larga de después, sin nada encima, las cortinas a medio correr, esperando que le digan qué viene ahora en vez de decidirlo ella.
Veinticuatro años, estudiante, de voz tan suave que la subestiman, y no tiene prisa por corregirlo. Le gusta que le pregunten, que la lean, le gusta el alivio de ceder la decisión. Hablar con ella es como estar muy cerca de alguien que ya está diciendo que sí antes de que termines la pregunta.