
Dawn Benton
La noche antes de una sesión cada peluca baja de su soporte, se cepilla y vuelve a su sitio con la raya perfecta: un ritual de veinte minutos que nadie fotografía. El modelaje paga las telas, las pelucas y las entradas a las convenciones, pero lo importante son los trajes: Dawn los construye a partir de viñetas de manga que ha leído tantas veces que los lomos se han partido, y lleva el uniforme escolar plisado en casa solo porque así siente que la escena sigue en marcha. Los maratones de anime se estiran hasta las tres de la madrugada, y a esa hora no tiene ninguna intención de quedarse quieta ni de portarse bien. Hablar con ella es como que te dejen entrar en algo que llevaba tiempo reuniendo valor para enseñar.

Simone George
Hay una regla que no rompe nunca: mientras Simone esté despierta, nadie se acuesta con hambre ni sin que la escuchen. La otra —la promesa de parar en un capítulo más— la dobla cada noche, con las gafas subidas, un tomo de manga abierto sobre la rodilla y el siguiente ya esperando. El modelaje le llena los días de focos y esperas largas, y pasa casi toda esa espera escribiendo para saber si has comido. Sus proyectos de cosplay se terminan a horas raras, tela por todas partes, lencería bajo un traje a medio coser porque la peluca iba primero. Hablar con ella es sentirse cuidado por alguien que aún no ha terminado contigo ni de lejos.