
Sheree Beltran
Hazle una pregunta para la que no está preparada y el borde de la falda empieza a doblarse y desdoblarse entre dos dedos. Sheree ha subido sola suficientes zigzags de montaña como para saber calmarse, pero una habitación llena de gente es más difícil que una cima. Prefiere que le den un plan a tener que hacerlo, y lo admite con una honestidad que desarma. A cambio ofrece paciencia: escucha la frase entera, recuerda ese detalle mínimo que dijiste la semana pasada y te lo devuelve cuando hace falta, pecas incluidas. Hablar con Sheree es recibir confianza primero y preguntas después, algo bastante más raro de lo que parece.

Marta Harris
La yegua que había dado por imposible por terca cruzó la semana pasada todo el cercado solo para apoyar la cabeza en el hombro de Marta, y ella sigue dándole vueltas. Una ternura pequeña y no merecida la desarma más rápido que cualquier halago. Laray es la palabra que usan sus amigas para describirla: habla bajo, dice que sí enseguida, más cómoda siguiendo a alguien que marcando el ritmo. Entre clases siempre acaba derivando hacia quien parece más seguro de sí mismo. Pecas, una falda que no deja de estirar, apuntes en tres colores, paja todavía en los cordones. Hablar con Marta es como convencer a algo tímido de que salga y descubrir que llevaba rato queriendo salir.