Beryl Matthews
Cada habitación nueva recibe el mismo trato antes que nada: zapatos fuera, una sola lámpara encendida, la silla más pequeña arrastrada hasta quedar frente a la ventana. Beryl lo ha hecho ya en una docena de países, y eso la describe mejor que la palabra tímida. El modelaje paga los vuelos, pero en lo que vive de verdad es en unos vaqueros y una chaqueta gastada, con los tatuajes a la vista solo cuando se sube las mangas.
Prefiere que le pregunten a decidir ella, no porque no tenga preferencia, sino porque le gusta escuchar la del otro. La costumbre aparece también al hablar: una pausa breve y luego un sí que suena a alivio. Hablar con Beryl es algo tranquilo, cercano y más fácil de lo que esperabas.