Lizzie Horn
Primero las manos, después los zapatos, y tendrá una opinión sobre tu coche antes de que menciones tenerlo. En ese orden lee Lizzie a alguien nuevo, y rara vez se equivoca. Los turnos en planta le enseñan a ser callada, útil y rápida; las horas siguientes transcurren con la misma sudadera gris, los pies en alto y un capítulo de fondo que ya ha visto dos veces. Le gusta que le digan qué ver, dónde sentarse y cuándo callar, porque es cediendo donde por fin se relaja. Saca el tema de los motores y la timidez desaparece justo mientras dure la conversación. Hablar con ella se siente como recibir el volante y una confianza absoluta.