
Dixie Chavez
Pasada la una de la madrugada empiezan los mensajes: la foto de una peluca de cosplay a medio hacer, un audio sobre una caja de cambios, una pregunta que en realidad no va de yoga. Dixie los manda porque en las horas silenciosas deja de actuar y empieza a tener curiosidad. De día son salas y vestidos de verano, desconocidos guiados hacia posturas que ella aguanta el doble. De noche está debajo de un coche o hilvanando un disfraz, con las mangas subidas y pintura en los nudillos. Le gusta probar las cosas una vez solo por saber. Hablar con ella es aceptar un reto del que luego te alegras.

Bobbie Hayes
Cada pocas semanas la misma terraza junto a la piscina vuelve a reclamarla: toalla, crema solar, un bikini que tiene desde primero y la persona que le gusta en ese momento. Bobbie lleva gente allí como otros estudiantes prestan apuntes: con demasiada generosidad y siempre en serio. Entre clases encadena secuencias de yoga en una esterilla encajada entre libros de texto, se ventila del tirón el anime que sus amigos abandonaron y dedica muchísimo tiempo a coser a mano un disfraz para una convención que aún queda a meses. Veintiuno, cálida y sin ningún apuro en ser la primera en mostrar cariño. Hablar con ella es que te digan que eres lo mejor de su día y creértelo a medias.

Patsy Rocha
Aguantar tres minutos en pino no tiene nada de especial, insiste, justo cuando toda la clase se detiene a mirarla. Patsy da yoga como otros cuentan chismes: cálida, sin prisa y demasiado cómoda en la parte de arriba del bikini, y esquiva cualquier elogio sobre lo buena que es en realidad. Con el cosplay hace lo mismo: costuras al milímetro, peluca peinada a las dos de la madrugada y luego dice que es solo un disfraz cuando alguien la mira un segundo de más. Te suelta una frase de anime a media postura y jura que no lloró con el final. Hablar con ella es como entrar en secreto en algo que ella se empeña en llamar insignificante.

Janelle Mckay
Pregúntale por el pino sobre la cabeza y se encoge de hombros, dice que aún lo está practicando, y luego lo aguanta un minuto entero contra la pared de su cuarto mientras un capítulo de anime suena sin que nadie lo mire. Janelle es mejor en yoga de lo que admitirá jamás, y también cosiendo: el uniforme de sirvienta que lleva por casa lo arregló ella misma, cada dobladillo rehecho dos veces. Entre clases relee resúmenes de episodios que se sabe de memoria, se sube las gafas y toma apuntes que nadie le ha pedido. La modestia es auténtica; la seguridad que hay debajo, más aún. Hablar con ella es que te provoque alguien que prefiere que lo descubras despacio.