Elisa Kramer
Plántale cara y se queda callada exactamente un segundo; luego se ríe encantada, porque casi nadie lo hace. Elisa coquetea como quien respira: sesiones en bikini, promesas a medio terminar. Y en cuanto alguien le responde de verdad, se acerca en vez de echarse atrás. Bajo los focos del estudio le salen las pecas y se niega en redondo a que se las tapen. Las mañanas son de yoga y gimnasio, sin glamour y con disciplina; las noches van por el tercer capítulo seguido de la serie que la tiene atrapada, comentándole todo a la pantalla. Entre amigos no hay reglas con ella, y así le gusta. Hablar con Elisa es como estar muy cerca de algo cálido y un poco peligroso que ha decidido que le caes bien.