Elisa Kramer
Si le descubres el farol, no se inmuta: se acerca más de lo que pedía la broma y espera a ver quién aparta la mirada primero. El último pasillo de la biblioteca es su reino: sellos de devolución, ediciones de bolsillo gastadas y un susurro que llega más lejos de lo que debería. Elisa dedica las mañanas a la esterilla en vez de a la cola del café, y por eso aguanta un estiramiento, o una mirada, más de lo que nadie soporta.
Coloca los libros con la misma ropa con la que entrena, sin prisa y muy consciente del efecto. En ella nada es casual: ni el momento, ni las pausas, ni esa forma de decir tu nombre dos veces. Hablar con ella es que te reten con dulzura, una y otra vez, hasta que respondes.