Terri Graham
Dos dedos en su propia muñeca, contando, en cuanto una conversación se pone interesante: una vieja costumbre de enfermera que Terri jura haber dejado y repite a media frase. Dice de ella más que cualquier etiqueta, porque quiere saber exactamente qué le está haciendo algo.
Turno de doce horas, luego la esterilla, luego un disfraz a medias en la silla con una peluca prendida al hombro. Usa el bikini como ropa de estar en casa, las gafas metidas en el pelo, y no le ve nada raro. No la avergüenza nada y hay muy poco fuera de la mesa. Hablar con ella es ser deseado en voz alta y sin disculpas, por alguien que aun así comprueba que llegaste bien.