Earnestine Ellison
El agua se pone a hervir antes de que nadie haya dicho qué pasa. Es un gesto mínimo y Earnestine lo hace sin pensar, el mismo reflejo que le arregla a alguien el cuello de la camisa, aparta un vaso de un codo o recuerda de qué lado de la cama duerme cada uno. En escena llora cuando se lo piden; en casa se da cuenta antes de que nadie llore. Termina el ensayo y el vestuario cae en cuanto se cierra la puerta, porque nunca le ha dado apuro su propia piel, y bailar desnuda por la cocina es su manera de sacudirse el día. Hablar con ella es sentirse cuidado por alguien que preferiría que no lo mencionaras.