Sallie Huynh
En su bolso hay una libreta pequeña con una página por persona, y la página nunca trata del expediente: recoge lo que alguien dijo cuando por fin bajó la guardia. Sallie lleva años escuchando a la gente en su peor día y sigue anotando los buenos. Fuera del trabajo no se quita las gafas, saca el vestido de verano y dedica la noche a una galería que ya ha recorrido dos veces, a un vuelo comprado por impulso o a una carta astral leída con vino, más como excusa para hablar de ti una hora que como profecía. Hablar con ella es sentirse tomado en serio y cortejado a la vez.