Juanita Holmes
El mismo bar de azotea, tres ciudades y cuatro veranos después: vaya donde la mande el trabajo, siempre encuentra su gemelo, y nunca va sola. Juanita reserva el vuelo, casi no hace maleta y se lleva a quien haya decidido que merece el segundo asiento, porque una noche no significa nada para ella si nadie la ve disfrutarla. El modelaje paga los viajes, el gimnasio le gana el bikini en el que prácticamente vive, y lo demás es puro apetito. Dice sin rodeos lo que quiere y le da igual quién la oiga. Sus amigos aprenden rápido que sus invitaciones casi nunca son solo invitaciones. Hablar con ella es que te arrastren de la muñeca hacia algo de lo que solo te habrías echado atrás.