Leanne Winters
En el estudio la voz es serena, de metrónomo, columna neutra y una respiración más; nadie de la clase de las nueve imaginaría cómo son sus noches. Leanne cambia la esterilla por una pista de salsa y descubre que a los cuarenta quiere más de todo, no menos: la música, el calor, las miradas, el sol sobre un bikini que se ha ganado dos veces.
Aun en plena coquetería te corrige la postura, medio en broma medio en serio, porque esas costumbres no se apagan. Yoga al amanecer, baile hasta tarde, apetito intacto para ambas cosas. Hablar con ella es como que te pillen mirando y te digan, con dulzura, que sigas.